Arte

6 esculturas que tienen una historia tan triste que te harán llorar

El arte tiene la virtud de provocar distintas emociones en el espectador, tristeza, asco, rabia, alegría, nostalgia, compasión, entre muchas otras. Sin embargo, no es fácil provocar estas reacciones; tanto es espectador como el artista tienen que compartir una conexión especial, compartir un contexto que les una. 

Las esculturas bien podrían ser pedazos de roca, de madera, de metal, objetos inertes que carecen de una función práctica, caprichos del artista que únicamente buscan la aprobación estética ¿o no?. Por supuesto que no, como cualquier otra obra, estas creaciones también buscan el goce estético, aunque este involucre el dolor o la tristeza.  A continuación enlistamos algunos ejemplos.

Los zapatos en la ribera del Danubio

Esta escultura se encuentra en Budapest, honra y recuerda a los 15 mil judíos que fueron asesinados en manos del partido húngaro Arrow Cross durante la II Guerra Mundial, quien obligaba a los judíos a quitarse los zapatos antes de ser disparados en el borde del muelle. Gyula Pauer y Can Togay, los autores de la obra, intentaron hacer una reproducción de algunos pares de zapatos para recordar a todos los transeúntes este cruel episodio en la historia de la humanidad.

Un listado de las esculturas más tristes del mundo

Nello y Patrasche

Esta escultura se encuentra fuera de la catedral de Amberes en Bélgica. Se trata de un perro en compañía de un niño recostados sobre el suelo, cubiertos por una manta hecha con el mismo adoquín del suelo. La historia detrás de esta tierna imagen es bastante dolorosa, es el retrato de un famoso cuento europeo del siglo XIX; un niño llamado Nello y Patrasche, su mascota, un perro que rescato, después de una vida llena de tragedia, hambre y pobreza, el niño y el perro mueren congelados afuera de una iglesia.

Esculturas tristes

El hombre y la mujer, Ali y Nino

Una escultura “viva” que pasa de la esperanza a la tristeza todos los días en Batumi, Georgia, Estados Unidos. Tamara Kvesitadze diseño a estos personajes quienes representan a Ali y Nino, un par de amantes que vivieron de un romance prohibido debido a sus diferentes religiones, sin embargo la artista les concedió un momento para encontrarse, ya que alas 7 de la noche, las esculturas se acercan para besarse y alejarse nuevamente.

Cuales son las esculturas más tristes del mundo

Peluso

En uno de los extremos de la gran avenida de Insurgentes, al sur de la Ciudad de México, se encuentra la figura en bronce de un delgado perro, al cual no se le logra distinguir la raza, la gente ha apodado esta escultura como “Peluso”, un nombre genérico, como el de cualquier perro callejero. Esta escultura, iniciativa de la organización no gubernamental, Milagros Caninos, es un recordatorio de todos los perros callejeros que padecen todos los días de los maltratos de una sociedad que los golpea, grita, humilla e ignora en la ciudad. Irónicamente esta escultura carece de mantenimiento y se encuentra con varios signos de un severo deterioro.

Esculturas de perros

Amor

Una creación del artista Alexander Milov presentada en el famoso festival Burning Man, en Nevada. La escultura representa a un par de adultos sentados en el suelo y dándose la espalda quienes guardan en su interior a sus propios niños internos, espíritus infantiles e inocentes que al contrario de los maduros y sensatos adultos, se buscan; se le han dado distintos tipos de interpretación, desde una familia divorciándose, un par de amantes renunciando a su ego o adultos perdiendo su inocencia. Sin duda, esta imagen remueve muchas emociones en los espectadores.

Esculturas que representan la tristeza

Hachiko

Hachiko es uno de los más dignos representantes de la lealtad, este perro se convirtió en toda una leyenda de fama mundial gracias a su tierna historia; durante años, Hachiko esperaba todos los días en una estación del tren, a que su dueño, un maestro de universidad regresará después de trabajar. El dueño murió inesperadamente como consecuencia de una hemorragia cerebral, Hachiko siguió acudiendo a diario a la misma estación a la misma hora para esperar a su dueño por más de 9 años, hasta que murió. Esta estatua se encuentra en Shibuya en Tokio, Japón.

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