Editorial

Configurar…

POR: JAIME CLAUDIO PÉREZ GARCÍA

RUTA DE COLISIÓN

MIÉRCOLES, 7 DE OCTUBRE DE 2020

Interesante ironía la de las redes sociales, en las que se encuentra todo y no se comprueba nada. Son útiles, prácticas y divertidas pero también son como alcahuetas pues andan por ahí los algoritmos relacionando a personas desconectadas o con algún vínculo lejano, algunas de las que ni se enteran que están «solicitando» amistad con conocidos o amigos de los amigos. 

Hoy estamos mejor comunicados y a la vez más alejados que nunca. Somos morbosos porque estamos aburridos, víctimas de la manipulación de las redes sociales, adictos a lo negativo y al chisme, lo falso es negocio. Estamos en un proceso de vulgarización y ausencia de ética al  vivir gobernados por líderes populistas ignorantes, soberbios e intolerantes que creando caos y división reflejan el individualismo dominante en las sociedades «desarrolladas». El tribalismo está desangrando a la sociedad, pues hemos descuidado la educación humanista, la espiritualidad y el arte. La gente es más fría, inhumana y materialista.                             

Estamos tristemente en una «ruta de colisión» como país y como planeta. Ya nadie cree en nada, la gente ya no habla, no se comunica. Las iglesias paralizadas, la política en manos de patanes ignorantes. Pareciera que vamos marchando con los ojos vendados hacia el abismo,  donde la evasión de la realidad es una apología de la mediocridad. Si antes estábamos solos, hoy lo estamos más. La tecnología no es la amenaza, sí lo es su capacidad de sacar lo peor de la sociedad con los algoritmos y su gran capacidad de manipulación. Ahí el modelo de negocio es el que está mal, sólo tratando de aumentar los ingresos, el comercio es ya el gobierno, porque  la digitalización de los datos personales no está regulada, y hacen lo que quieren con ellos. Es más fácil que la gente se trague las mentiras, pues a la verdad hay que masticarla y no cualquiera se toma el trabajo.

La imagen que tenemos de un escritor es la de alguien que se sienta frente a una hoja en blanco y empieza a escribir las primeras frases y párrafos, termina la primera página y se va a la siguiente, y así. Tal vez algunos lo hagan de esa forma, no en mi caso de aprendiz. Yo todo el tiempo tomo notas de ideas, reflexiones, observaciones, temas, palabras y sucesos propios y ajenos, que se integran luego en borradores más trabajados que se guardan esperando ser  útiles, después aparece un tema principal, surge un título e inicia el armado de un Frankenstein que va tomando forma entre borradores, con ideas nuevas como paquetes todavía desordenados que se reducen, se amplían, se combinan y se complementan en relaciones sorpresivas e inesperadas, y que casi se van construyendo solos. Después todo es pulir y pulir hasta que surge un texto más coherente, en parte casual y aleatorio como la vida misma. Es casi un proceso que pareciera un algoritmo. Así, al concluir el texto, se lee algo desconcertante e inesperado, un caos ordenado, que si todo sale bien, conforma un producto con vida propia.

Se escribe sobre lo que se trae en la mente, aunque escribir aquello que pensamos con sinceridad no basta para captar la atención, ya que el mayor atributo de un escritor debe ser la lucidez, en lugar de dar respuestas, modificar las preguntas. La elocuencia no sólo es usar las palabras y frases adecuadas, es expresarlas en el momento preciso, ni antes ni después.

«Puedes ignorar la realidad, pero no puedes ignorar las consecuencias de ignorar la realidad».- Ayn Rand.

Etiquetas
Mostrar más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también

Cerrar