Editorial

ELEGIR…

A partir de lo que está sucediendo, al planeta entero se le presenta una elección entre el llamado “viejo mundo” (viajes, compras, empleo, producción, crecimiento económico y contaminación creciente), y el “nuevo mundo” (frugalidad, reducción de ingresos, compras y crecimiento, y la oportunidad de iniciar la limpieza del medio ambiente, apoyando de paso a las energías limpias y renovables). Por un lado está la elección de reactivar la economía y el crecimiento regresando a las mismas prácticas ambientales irresponsables, y por el otro aprovechar la oportunidad de acelerar la transición hacia una economía más humana, lo que implica algo muy difícil de lograr: adoptar un cambio radical de actitud, en la que hoy a querer o no, ya estamos. Todos tendríamos que abrazar un nuevo estilo de vida más sencillo: vivir con menos y con una mayor conciencia de cuidado al medio ambiente, al que ya veníamos deteriorando sin control, y que sorprendentemente por la inactividad de estos días, muestra notables signos de recuperación. Los líderes del llamado “Pacto Verde” Macron en Francia, Ardern en Nueva Zelandia y Merkel en Alemania entre otros, lo promueven, sabiendo que enfrentan poderosos intereses económicos globales: los combustibles fósiles, las grandes aerolíneas y navieras y otros gigantes mundiales, que bien podrían, en actitud de elemental supervivencia, elegir el inevitable camino hacia las energías limpias. Claro, sabemos que es altamente improbable que esto suceda conociendo la naturaleza humana, solo podríamos aspirar a pequeñas acciones para iniciar la reducción del impacto ambiental. Algo que en México, tristemente, nuestras ignorantes autoridades están cancelando con una notable soberbia, llevándonos a una nueva y sucia edad de piedra. Es de verdad un deber urgente impedir esta anacrónica, injusta e increíble aberración, sin duda retrograda y criminal.

En el ajetreo de la vida diaria lo que nos sucede muestra irremediablemente lo que somos. Un intento por conciliar la claridad con la confusión para despertar la atención, pues en esta situación en la que no sabes ni en qué día vives se siguen presentando las casualidades y la fatiga, los buenos y malos momentos, en los que aparece congelado el rictus de tu rostro, y entiendes que es el trayecto más que la llegada lo que importa, y percibes a través de la triste cotidianeidad de la horrible realidad, que esto no va a terminar ni pronto ni por completo. Si algo te gusta de alguien, díselo, un halago sincero no cuesta nada, hace feliz y es gratificante para el receptor, lo desarmas y presentará su mejor actitud. Si alguien te dice que te ama, debes agradecerlo, por el solo hecho y por el valor de decirlo, es la nobleza de la sinceridad. Hay cosas que una parte de ti quisiera hacer, y otra parte de ti sabe que no debes hacer.

La poca recuperación que se estará presentando casi no se va a percibir, pues estamos emergiendo de niveles muy bajos. La caída fue muy profunda, y hoy con pensamientos elusivos y volátiles, como trabajando en un circo de 3 pistas en más de un sentido, y con todo de repente en juego, emerge la necesaria fortaleza en la propia capacidad de resiliencia, sabiendo que para encontrarte a ti mismo primero debes haber estado perdido.

…tiembla la esperanza de que me leas, del que no haya muerto del todo en tu memoria…

(Julio Cortázar)

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