Editorial

Escribir…

POR: JAIME CLAUDIO PÉREZ GARCÍA RUTA DE COLISIÓN

MIÉRCOLES, 5 DE AGOSTO DE 2020 00:19 A.M.

Como arquitecto me seduce una forma y la exploro, aunque a veces es ella la que me explora a mí. Y como aprendiz de escritor me seduce una frase, una palabra, y se inicia la construcción de una idea. Escribir es diseñar, escribir es construir, es tomar materiales y usar herramientas para edificar ideas, pensamientos, puentes mentales. La belleza y el compromiso de la hoja en blanco en donde te sientes en total desamparo, aunque de pronto se presente un bloqueo que parece un muro.

No soy disciplinado, cuando me hipnotiza algo que estoy haciendo, me dejo llevar a donde no tengo idea, lo que no quita el estar siempre activo y buscando el sosiego, tan elusivo hoy en día. En cualquier relación el secreto está en el manejo del tiempo, enfrentar preguntas inquietantes, narrar historias que se perciban honestas, y mejor si sientes que ya las conocías, persiguiendo a la palabra elusiva que no se deja atrapar. ¿Qué no se le permitirá a un «artistilla» de banqueta, como yo, alguna licencia estética o verbal?  Entender que hoy, la única manera de aparecer en alguna publicación es, rodeado de cookies y anuncios.  Son los nuevos tiempos. Impresiona que al hacer algo que  va dirigido a un público, y al tomar vida propia llega a otro público que no imaginaste. Pero que alguien le dé valor a lo que haces es gratificante y produce confianza. Al terminar un escrito, en la última revisión, intento eliminar los últimos vestigios de arrogancia y confusión, vanidad y soberbia, revisar el «cierre» y su impacto, o su vacío, consciente de que no se le pueden poner condiciones a la realidad.

Malo cuando alguien empieza a pontificar. Es patético y me produce «roña» literaria que en un escrito se utilicen palabras como «hagamos»,  «deberemos», «tratemos», eso de decirle a un adulto qué hacer sin haberlo solicitado, pues como que está fuera de lugar. O nombrarse a sí mismo «experto» en algo. En todo caso ese juicio sólo puede venir de un tercero, podrás auto nombrarte «especialista» o «conocedor» o «informado»,  o «actualizado».  Hasta ahí. Sobre el  hecho de utilizar frases, citas o ideas ajenas en lo que se escribe, para mí es válido, es más, es muy común. Tal vez modificando, complementando o reinterpretando su sentido. El autor debería agradecerlo, pues  se revive y se difunde su pensamiento, no es un plagio, es una muestra de admiración. Nadie somos propietarios de nada, todo es de todos. A veces, al revisar un texto ajeno, algo sugiere otro acomodo y tal vez hasta otro sentido. La gente no es la suma de lo que vemos. Algunos escritos se construyen de palabras mezcladas con ideas propias y ajenas, se producen así nuevos conceptos que, modificados y reforzados, renovados y reinterpretados recobran una nueva vida. Eso sí, ya quedan en el anonimato.

Una pregunta sería: ¿qué te deja más? Una lectura cuidadosa y profunda de un libro o un texto, o ¿una lectura rápida y distraída? A primera vista sería lo primero, pero tal vez una lectura rápida te permite sintetizar inconscientemente lo más importante para ti de acuerdo a tu equipamiento personal, quizás no retengas fechas o datos precisos que pueden no ser muy útiles, hasta puede ser conveniente para no tener que almacenar tanto en tu memoria. Retendrás lo más importante. Leer algo no es memorizar, más bien es un ejercicio de «permeabilidad» en el que algunas ideas leídas llegan a formar parte de ti, no importa de quién sean o de dónde vengan. El primer paso para encontrar lo perdido es no buscarlo, solo aparecerá, así como solo se da el movimiento de los astros, en un leve y perfecto desplazamiento. Puede inclusive  ser la pausa que antecede a una  epifanía, a una revelación.  «Words…words, between the lines of age».- Neil Young.

Fuente: EL HORIZONTE

https://d.elhorizonte.mx/opinion/editorial/escribir/2903685

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