Editorial

SOPORTAR…

Estamos encerrados en el tiempo, y si la gente percibe una situación como real, aunque no lo sea, es real en sus consecuencias, así ésta súper crisis ha mostrado lo mejor de los mejores y lo peor de los peores. Y si es que somos islas, ya deberíamos estar tendiendo puentes.

Estos meses de soledad, aislamiento e incertidumbre han incidido en la propia confianza, en la seguridad, y en la salud, somos más débiles por tantos cuidados. Lo insólito, todos somos otras personas, diferentes a las que éramos, y si estábamos solos, ahora lo estamos más. Si bien, los dogmas petrifican, las reuniones masivas (vedadas hoy) son una experiencia de identidad.

A esta crisis sanitaria se suman la crisis económica y la crisis de confianza, todas ellas manifestándose en factores comunes presentes en todas las sociedades y economías del mundo, entre otras cosas; por el exceso de apalancamiento de las corporaciones, la evasión de impuestos corporativos, los bajos salarios de muchos de los que dependemos, la reducción de la confianza en la democracia, el deterioro acelerado de la clase media (ni se diga de la clase baja, que ya no puede caer más) , la decepción generalizada en la economía y la democracia, y una crisis de gobernanza mundial. Y para ninguna hay solución a la vista.
En esta pandemonia, todos angustiados y mirándonos con recelo y miedo unos a los otros, preguntándonos si será cierto todo lo que nos están diciendo, pues hay una contradicción que está apareciendo, somos seres sociales y eso se nos está negando, pues no poder besar a la o a él que amas es insoportable, es como ser una gota perdida en el océano de las tragedias del mundo. Tal parece que está situación está resultando muy conveniente a las autoridades para ocultar, diluir y obstruir la atención a temas más graves que están muy lejos de solucionarse, y se están agravando. Tan escasas que estaban las sonrisas y ahora con los horribles tapabocas, hasta las mujeres bonitas se ven feas. La angustia y la adversidad a las puertas de la vejez, este 2020 año perdido, el de la “tormenta perfecta”.

Tenemos al conocido “libre albedrio”, pero más importante y nadie habla de ella, tenemos a la “propia conciencia” que es el hecho de que tus pensamientos, sentimientos y deseos son solo tuyos, nadie los puede conocer ni modificar. Todas ellas cosas estrictamente personales. Pero no es posible que nada sobreviva de toda esta gracia y ternura vividas, y aunque podemos refugiarnos en el sentido del humor, que es una forma de inteligencia, si alguien te dice que te ama pero no te admira, lo más seguro es que no te ame. No elegimos quien nos gusta, es un misterio que brota espontaneo. Me ha sucedido que, sin mayor explicación, me pongo hosco e indiferente frente a alguien que acabo de conocer, y que me gusta y me simpatiza, pero en mi interior, estoy como queriendo castigarlo(a) porque creo que tal vez me va a rechazar. En la escuela me sucedía que al conocer a un nuevo alumno que inicialmente me caía mal, y luego ¡fuimos grandes amigos!, ironías tragicómicas de la vida.

Es sorprendente cómo se dan las amistades y los amores, ¿de qué depende que suceda esto y no aquello? Imposible contestar a esa pregunta. ¿Cómo responder a la nobleza del amor que se da sin condiciones? El amor tiene límites, pero tal vez solo en el amor filial, dar la vida por un hijo es una entrega total. La atención de alguien hacia ti ni se pide ni se mendiga, o se da o no se da, y no depende de ti, pues es un factor fuera de tu control. Y al final, cuando la vela arde por los dos extremos no durará toda la noche, pero ¡ah que hermosa luz nos da!

Somos un parpadeo en la historia.

(Octavio Paz)

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